NIÑO SIN NOMBRE
La noche se había hecho larga, una intranquilidad me había asaltado a cada
momento, a lo mejor mi mente se estaba preparando para el terremoto de
emociones que pronto ocurriría y el cerebro parecía presentirlo.
Es verdad, se lo confieso, que estaba enojado con la Mirta, yo sabía que ella tenía
razón, que la plata no alcanzaba, que los chicos necesitaban ropa y cuadernos para
el cole...yo también lo quería, pero, ¿qué más podía hacer?, la obra donde trabajaba
iba llegando a su fin y apenas si nos pagaban una vez por semana.
Para peor el bebé no dejó de llorar cada hora y media, así que entre el enojo y el
llanto del crío, la Mirta optó por tirarse en el colchoncito junto a él.
Pero, ¿qué quiere que le diga?, no me gusta estar peleado con la Mirta y más
cuando sé que tiene razón...
La veía ahí, con el Nico abrazadito a su lado y le juro que parecía que el corazón se
me arrugaba todo...¡tenía unas ganas de abrazarlos también!. Un poco más allá el
Andy y la Naty dormían, uno al lado del otro en la misma cama, apretaditos.
Una ola de bronca me recorrió el cuerpo, yo diría que hasta me dolieron los
músculos de rabia, porque solo Dios sabe que quiero darles más y no puedo, que
quisiera darles un palacio, pero mi mente trabaja más rápido que mis manos que
solo saben apilar ladrillos y preparar el pastón a la perfección...y no alcanza...
A veces me pongo malo con la Mirta porque yo llego a la casa y la veo allí...lavando,
cocinando, y yo destruido de pegar ladrillos por esas monedas que nunca sé si
cobraré...ella estuvo cinco horas fregando casas ajenas y todavía tiene fuerzas para
seguir en la nuestra y me enojo porque me siento más débil, entonces la peleo, pero
sé que ella tiene razón, sé que debería abrazarla y ayudarla, pero...¿cómo le podría
explicar? , no sé, es como una rabia que le hace hacer todo al revés de lo que uno
piensa...
Como le decía, no podía dormir, así que me levanté y sin hacer ruido,prendí
despacito el fósforo y puse en el calentador la pava de aluminio,porque cuando
estoy así no hay mates que me alcancen.
Como siempre ya casi no había yerba, así que debía disfrutar de los primeros ya
que me esperaba una larga sesión de agua con palitos flotantes, pero no vaya a
creer...tiene su encanto...
Revolví adentro de la vieja heladera y ¡MILAGRO!, ¡allí estaba mi conexión con el
mundo exterior!.
Desenvolví con cuidado los huevos, los acomodé en una bandejita de cartón y cerré
despacito la heladera colocando la silla de traba para que no se abra la puerta
vencida.
El agua ya estaba lista cuando logré mi botín: cinco hojas dobles de diario, las doblé
bien prolijito y aunque eran de distintos días, parecía un matutino más, si al fin y al
cabo todos los días son iguales: robos, escándalo, corrupción, timba, el mundo de
siempre, pero con fotos, que es lo que más me gusta.
Porque, no sé si le conté que no sé leer muy bien, me aburre deletrear las noticias,
así que mejor miro bien las fotos y me gusta imaginar yo mismo de qué se trata...
Usted creerá que estoy loco. Lo estaría si leyera lo que en realidad dice, porque no
me bancaría saber sobre los crímenes más atroces en nombre del progreso, los
millones que se llevan los que me “representan” y yo que los voté, aquí, como un
gil, sin dormir y con el mate lleno de yerba lavada...
¿Vé porqué es mejor no leer bien?, es mejor imaginarse algo más lindo, cuando vé
una fotografía de los políticos sonrientes, con ese gesto de “yo todo lo puedo”, uno
puede decir: -”¡que suerte, che, mirá, se reunieron para hablar del desempleo y se
ríen así porque están por anunciar que mañana todo el mundo empieza a laburar y
se acabó!”.
El otro día tampoco podía dormir, otra vez peleado con la Mirta, fue en el bautismo
del Nico, aquí en la Capilla de la Villa, yo sé que estuve mal, que el curita no tenía
la culpa.
El día del bautismo, cuando el pobre cura empezó con la cháchara ésa de que todos
éramos iguales ante Dios, no sé...¿vió cuando un volcán está por explotar?, ¿o
cuando la pava está por hervir y el agua empieza a hacer burbujas y a levantar la
tapa?, bueno, así me pasó a mí, ¿me comprende?, sentí que algo me hervía...y
exploté:-”¡Iguales un carajo!”-, grité y me fui .
Cuando llegué acá y para calmarme nomás, agarré un pedazo de diario ¿y sabe qué
ví? una foto del Papa, entonces respiré hondo y me imaginé que se sonreía y abajo
decían las letras:-”está contento porque al fin todos los pibes serán iguales, todos
bien alimentados, bien vestidos, con iguales oportunidades...”-
Así se me pasó la bronca y cuando me iba de vuelta para la Capilla, me di cuenta de
que ya era tarde, la pava que hervía era la Mirta que echaba fuego por los ojos, el
bautismo había terminado, el Nico seguía siendo el mismo con su ropita gastada, las
zapatillas agujereadas de los chicos eran las mismas, pero, ¿sabe qué?, ya no tenía
bronca, no sé, se me había esfumado. ¿Se dá cuenta que es mejor “inventar” la
noticia?.
Pero, volviendo al tema de antes, cuando empecé a tomar mate, la primera foto que
vi fue como si Ringo Bonavena me hubiese puesto una piña en el medio de la nariz,
en el tabique ¿vió?...
Traté de” inventarle” una noticia a la foto, pero no pude ,era demasiado real,
demasiado verdadera en mis entrañas...me acerqué el diario a la nariz para poder
distinguir mejor ésa carita...se parecía , pero no, no era él...sin embargo la escena
era tan familiar...tan macabramente parecida...
Como último recurso empecé a leer de verdad la nota, el titular: -” A-SE-SI-NAN A
NI-ÑO DE LA- CA-LLE”-.No podía inventar nada, absolutamente nada más que
aquello volvía a mi mente...
Y me perdí en el laberinto del tiempo que trajo a mi memoria esta historia que solo
Usted y su corazón podrán juzgar, a lo mejor después de que se la cuente va a
pensar que estoy loco ó soy un ignorante, pero, ¿sabe qué?, no me importa...ya no
me importa...
Un día aparecieron, como de la nada, parece ser que el Gordo los había conocido en
la calle abriendo puertas de taxis, Juan era el mayor, tendría nueve ó diez años y el
chiquito tal vez cinco, al principio el Ruso estaba celoso, nuestro grupo era muy
cerrado y todo lo que hacían “los intrusos”le molestaba.
El Santi era más blando, les caían bien y a pesar de que no eran de la Villa no les
desconfiaba, más aún cuando supo que vivían en la calle, donde la noche los
encontraba.
Yo también me conmoví, por lo menos nosotros teníamos las chapas que algo
abrigaban, además el Ruso, el Santi y yo teníamos a nuestras viejas y el Gordo a la
abuela que lo defendía como podía de los golpes del padrastro y era algo...pero ellos
nada, solo el uno al otro...
Juan fue el primero en abrirse y hacerse amigo, el chiquito, solo miraba con esos
ojazos raros que tenía.
Rara vez hablaba, pero cuando lo hacía producía un silencio alrededor que
estremecía...Juan nos aconsejaba escucharlo y si no le dábamos bola el Gordo se
enfurecía...nadie entendía lo que pasaba, pero algo pasaba, se lo aseguro...
Una noche estábamos charlando, el Gordo hacía más de un mes que no se daba con
el pegamento y parecía estar más lúcido, tenía hambre, el “viaje” que se pegaba con
el Poxi le quitaba la sensación de vacío estomacal que tanto conocíamos y luchaba
para no volver a caer, ahí era cuando más flaqueaba...
El hermanito de Juan llevó la manita al bolsillo, sacó un pan, cortó un pedazo y le
ofreció al Gordo, yo me aguanté de no arrebatárselo, pero la verdad es que se me
hacía agua la boca, de repente la manita morena se extendió hacia mi y gustoso
accedí, al rato todos comíamos el pan y parecía que la fuerza nos volvía al cuerpo,
le parecerá mentira pero era así, era como que nos animábamos, era...era como la
más sagrada comunión que jamás hubiera visto...
De pronto apareció la Magui llorando , todos nos reímos, aunque de verdad, le
confieso, no sé de qué nos reíamos, creo que era de impotencia...tenía doce años y
una historia peor que la de todos nosotros, la obligaban a prostituirse y era
explotada por sus propios tíos. Siempre estaba llorando y por eso le decíamos la
María Magdalena, y con el tiempo la Magdalena se convirtió en “la Magui”.
Como le iba diciendo , apareció llorando y todos nos pusimos a la defensiva porque
sabíamos que atrás venían a buscarla, nadie quería saber nada con los tíos de la
Magui porque eran de la “pesada”¿sabe?.
Nos levantamos para dispersarnos y de pronto el chiquito se acercó a la ella y la
agarró de la mano corriendo por los pasillos infinitos de la Villa oscura, todos los
seguimos y nos escondimos en la casilla de Doña Asunción, ella no diría nada,estaba
tan enferma que se la pasaba tirada en el catre quejándose de dolor, sucia y sola. La
casilla era una mugre pero segura.
Juan se puso a ordenar un poco mientras su hermanito hablaba al oido de Doña
Asunción que parecía estar de acuerdo con él porque al rato nomás dejó de
quejarse y roncaba estrepitosamente, nos sentamos alrededor de la mesa y el
chiquito volvió a repetir el ritual del pan, pero ésta vez le ofreció primero a la
Magui, que ahora que me acuerdo no volvió a llorar...
No puedo contarle todo lo que nos decía porque de verdad no me lo acuerdo,
es...¿cómo decirle?...es como si estuviera sembrado en mi corazón y cada tanto
aparece como un flash.
Lo que sí le puedo asegurar es que algo cambió de verdad, que la Villa seguía
siendo la Villa y el mundo, mundo...pero algo era diferente...la Magui pasó a ser
increíblemente parte de nuestra “banda”,todos aceptaron implícitamente, ni el
Ruso puso peros y eso que era el más bravo.
Pan había ,de su bolsillo salía siempre para compartir y aplacar el hambre que nos
llevaba a hacer locuras...
¿Qué más le puedo decir?, no sé, a lo mejor no me alcanzaría el tiempo para
desenterrar toda ésta historia y sin embrago está allí, sembrada, como ya le dije...a
veces pienso que las coincidencias no son tales, si me pongo a analizar todo lo que
pasó y que en aquella época me emocionó, sí, pero ahora con los años que me pesan
, con los ojos llenos, hasta hace un rato de desesperanza, mientras le contaba ésto,
una luz me iluminó y veo las cosas más claras.
Estas lágrimas que caen ardientes sobre mi cara ajada, fíjese, barren la
desesperanza y aunque le parezca mentira instalan fe en mis ojos gastados...veo
todo más claro.A lo mejor antes no era el momento preciso, tal vez necesité tiempo
para tomar conciencia de que Juan siempre le precedía, lo amparaba, él iba
siempre delante como preparando el camino...
¿Y el Gordo?, ¿qué será de él? porque, le juro, con un sobresalto de pronto me
acordé que se llamaba Pedro, casi nadie lo sabía, había sido “el Gordo” de
nacimiento, pero una vez que nos llevaron juntos al Instituto supe que era Pedro
Suárez y el Santi se deschavó que no era por santo su apodo, era Santiago Luna...
Si a ésto le sumo “el Ruso” la coincidencia es más notoria, solo Juan y su hermano
lo llamaban Lucas.
No me animo siquiera a pensar en mí, porque ó bien me parece una falta de respeto
o no sé, es como que me produce miedo...yo...éste pobre ser que nunca salió de la
miseria... sentado aquí, contando esta cantidad de locuras ...este corazón que late a
mil recordando esa carita de dolor y amor...yo...el hombre con
minúscula...yo...Mateo Sánchez...
Está bien, podrá decirme que no éramos doce, es verdad, pero por suerte y para mi
tranquilidad, nos faltó el del beso...nosotros no lo traicionamos y eso que todos
necesitábamos mucho esas monedas...
Cualquiera puede negarlo, es cierto, el mismo Gordo dudó de El, yo creo que por
miedo, cuando la cana lo quiso involucrar en el asunto.-”Yo no lo conocía”-dijo el
Gordo. -”Nunca lo vi”-repitió llorando. -”No sé quién es”- gritó mientras salía
corriendo por las calles de la Villa perdiéndose en los laberintos sucios.
Yo lo encontré llorando abrazado al Ruso y me dio pena, le dije que lo entendía,
ninguno quería volver al Instituto y ahora sabíamos que estábamos solos, como
desamparados y llenos de horror.
El Santi nos contó que lo desataron de la reja y lo tiraron dentro del camión de la
morguera policial.
La gente miraba con curiosidad el cuerpito inerte, la TV. especialmente llegada
para transmitir los hechos, filmaba con descaro la imagen de la locura...a lo mejor
muchos vieron en la pantalla al chiquito con los brazos extendidos, atados a la reja
y la carita ladeada sobre el hombro izquierdo y pensaron. “¿a quién me hace
acordar?”...pero como les daba impresión cambiaron de canal...
Otros, (muchos), dijeron .”uno menos”, “seguro que era un delincuente, un ratero,
un pichón de chorro”...
Yo lo vi ahí y, le juro que para cuando llegué corriendo con el Gordo, justo cerraba
los ojitos y en ese mismísimo momento un relámpago pareció partir el cielo en dos y
se largó una lluvia impresionante.
Me acuerdo que pensé que por lo menos Dios lloraba por nosotros...
Las gentes de las casas lindas que se atrincheraban tras las rejas hacía rato que
amenazaban con un escarmiento para que los villeros se fueran...se hacían los
horrorizados, pero, ¿quién podía dudar de ellos?, gente de bien, trabajadora, con
las manos bien limpitas...como Pilato se las habían lavado...
Cuando Magui volvió en sí de la golpiza prefirió no contarnos nada, tal vez ni
siquiera se acordaba.
Con el tiempo supe que progresó en la vida y hoy mantiene un comedor que da
alimento a trecientos pibes tan parecidos a nosotros, al lugar lo llamó “El Hermano
de Juan”, yo creo que por respeto no le puso el nombre que todos creíamos que
tenía pero nadie se atrevió a mencionar jamás.
En aquella época todos lo vimos hacer milagros, quizás con los ojos crédulos de la
niñez, es cierto, no se lo voy a negar, algunos decían que no, otros como yo creíamos
que sí, que era...¿porqué no?...
En algún momento dudé, pero ahora a la distancia tengo adentro una seguridad que
me dice que SI, que era, que el Gordo y el Santi tenían razón más allá de la
influencia y la fe ciega que tenían en Juan.
Yo vi lo que pasó, a lo mejor todos necesitábamos creer...¿quién no?, pero, ¿sabe?,
lo triste...lo verdaderamente doloroso es que otra vez lo crucificaron....
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